22.02.2012

Jaro

Huelva, 1967. Jaro comienza a trabajar como dise√Īador gr√°fico con s√≥lo 14 a√Īos, form√°ndose directamente en talleres, imprentas y estudios de dise√Īo en M√°laga, ciudad donde vive su infancia y adolescencia. En paralelo a su trabajo como dise√Īador free-lance y tambi√©n como joven ilustrador para diversas publicaciones culturales espa√Īolas, y de manera autodidacta, comienza a investigar nuevos formatos pict√≥ricos, iniciando una carrera pl√°stica que lo llevar√° por el √≥leo, el acr√≠lico, la cera virgen y la mezcla de texturas, hasta llegar a la depuraci√≥n actual del dibujo lineal bordado sobre lienzo.

En 1996 Jaro traslada su centro de operaciones a Madrid, instal√°ndose como free-lance y volc√°ndose en la pintura. Utilizando el medio gr√°fico como fuente de inspiraci√≥n y tambi√©n como base de su manutenci√≥n, desarrolla un particular lenguaje muy vinculado a la gr√°fica que revierte en su obra pict√≥rica. De hecho, Jaro es actualmente Director de Dise√Īo gr√°fico e industrial de Agatha Ruiz de la Prada, ha realizado colaboraciones con Davidelf√≠n o Laetitia¬īs y desde hace dos a√Īos saca al mercado su propia colecci√≥n de camisetas, en sus manos un soporte m√°s para desarrollar conceptos est√©ticos que le interesan particularmente: la l√≠nea de la figura masculina, los tatuajes, el graffitti y ciertos aspectos del erotismo canalla, proletario y marginal, en la l√≠nea de Jean Cocteau, Andr√© Gide o Jean Genet, de cuya m√°xima ‚ÄúLos m√°s bellos florecen con ins√≥litos males‚ÄĚ es ferviente admirador.

Los modelos de Jaro son fotograf√≠ados por el mismo autor, o extra√≠dos de la pornograf√≠a impresa o audiovisual, siendo manipulados y reconstruidos para configurar un canon de belleza muy determinado, extremo y ultraviril. El origen de esta serie de falsos graffittis y ‚Äúchulos‚ÄĚ bordados sobre lienzo en actitudes de una sexualidad descarnada y desafiante est√° decididamente vinculado a la representaci√≥n pornogr√°fica, utilizando el mismo c√≥digo o lenguaje de ‚Äúpose‚ÄĚ y ‚Äúexhibicionismo‚ÄĚ descarado de los modelos, que se saben observados y admirados en su rotunda sensualidad, buscando precisamente la actitud corporal m√°s llamativa, excitante o provocativa. Por contra, Jaro lima la forma de una forma tan precisa que apunta a un grado muy alto de sofisticaci√≥n, elegancia e incluso ingenuidad.

Los hombres de Jaro son tan bellos como peligrosos. Conscientes de su poder fascinador, lo utilizan sin tapujos. Jaro los muestra así porque es asimismo consciente del poder revulsivo del desnudo masculino.

Si en sus lienzos bordados la forma y el tratamiento estético consigue restar carga simbólica y niveles de agresividad al conjunto, en los falsos graffittis ocurre justo lo contrario: la mera posibilidad de que esos cuerpos puedan encontrarse en la calle, representados de forma tan descarnada, subyuga a la vez que nos resulta embarazoso, comprometedor.

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