Paisajes de silencio

Unreal city, under the brown fog of a winter dawn
(The Waste Land, T.S. Eliot, 1922)

 

Contemplar una tierra baldía es asomarse al margen del mundo, a ese lugar no productivo cuyo valor reside precisamente en quien sabe comprender su trascendencia. Y su belleza. Porque quien reconoce el papel que el arte juega en la existencia humana, solo puede acercarse al trabajo del artista con el respeto de quien entrega lo más profundo de su ser a los demás. Y eso hace Alicia Castilla en esta invitación a la contemplación que es Paisajes de silencio, escenarios de misterio, brumas de soledad, susurros en sfumato (entre susurros se han revelado grandes secretos) y un universo interior que en esta exposición fija su mirada en esa paradójica particularidad de la luz, sin forma, que al manifestarse esculpe la realidad colindante. Una manifestación a la que la humanidad ha ido nombrando con palabras tan bellas como alba, aurora, crepuscular o vespertino.

Y al final, siempre la luz. Esa luz que nos recuerda la profunda conexión de su mirada con el universo cinematográfico que aquí parece más presente que nunca, sin necesidad de hacer explícita sus referencias, gracias a esa realidad inmaterial que se diluye entre los paisajes/escenarios transitados por algunos de los grandes nombres de la historia del cine. Quiero acordarme -a modo de invocación- de Theo Angelopoulos, cuyo Paisaje en la niebla (1988) nos hacía viajar por una Europa brumosa a través de la pureza de la mirada de dos niños, de inocencia aún sin perder y de esa esperanza intacta de la que ahora tanto andamos necesitados. Un paisaje neblinoso del que podía surgir cualquier presencia pero también desaparecer como en un fade out poético. Ese espacio entre la irrealidad y lo cognoscible que también remite a la novela Blancura (2023) de Jon Fosse, que transcurre en un lugar similar, cuyas repeticiones hipnóticas despliegan un mundo depurado de profundo calado emocional, una geografía soñada para intentar atrapar aquello que no se puede aprehender con ninguno de los sentidos pero de lo que sí te puedes impregnar. Esa realidad es la que late en cada uno de los paisajes de Alicia, es su honesto compromiso por explorar esa cartografía imaginaria cercana al Finis Terrae.

Antonio Morales
Cineasta

Alicia Castilla

Alicia Castilla es de esas artistas plásticas capaz de hacernos parar frente a sus obras con la duda de si estamos ante un lienzo o lo efímero de un fotograma que rápidamente se diluirá en otra imagen…

Nacida en Bilbao, se forma en pintura durante diez años en el Estudio Unzalu, cursando posteriormente la carrera de Arquitectura en la Politécnica de Madrid. Paralelamente, su faceta artística aborda un estilo de abstracción geométrica a través de la técnica de collage. Durante esta etapa, es seleccionada para participar en el ‘Festival de Artes Plásticas Franqueados 0.14’, con comisariado de La Casa Franca, y en un evento de ‘Somos Malasaña’ donde expone de manera individual en el Palacio de Santa Bárbara de Madrid.

Los paisajes han estado siempre presentes en la trayectoria de la artista. En 2002, realiza el curso de Paisaje al óleo en Priego de Córdoba, impartido por el  profesorado de la Universidad de Bellas Artes de Sevilla. Y de 2019 a 2024, efectúa estudios de Retrato y Paisaje al óleo con el artista y profesor Jon Ander del Arco en el Taller de Arte La Mina, en Madrid.

En su serie ‘Brumas’ (2018), queda más que patente el tándem que Alicia tiene entre cinematografía y pintura. Grafitos sobre madera inspirados en el cine de Andréi Tarkovski y Béla Tarr. Una incursión en las atmósferas, la niebla, la introspección. Una serie que fue elegida para participar en el Festival Internacional de Arte Contemporáneo ‘Cohete Toledo 2019’, comisariado por La Casa Franca, y para exponer de forma individual en la galería La Pared Roja de La Fábrica.

Tras unos años de formación con la técnica del óleo, desarrolló la serie de pinturas ‘Escenas. El instante suspendido’ que da continuidad a su atracción por la bruma y que exhibió en Tipos Infames en 2024 de manera individual. Quedó semifinalista con el óleo ‘Urbasa’ en el Premio Nacional de Pintura Omorfia en 2024 y fue seleccionada para formar parte de una muestra de obras de 50 mujeres en el Castillo de Santa Catalina en Cádiz. Recientemente ha sido Finalista del Premio de Pintura del Ateneo de Cáceres 2025, participando en la exposición colectiva de obras finalistas en el Palacio de Camarena.