La Isla de la Resistencia es un reconocimiento y un homenaje de Mad is Mad a este grupo de artistas que –unos llegados desde fuera (Reino Unido o Galicia o Barcelona), otros nacidos rodeados de Mediterráneo– se identifican con el alma de Mallorca, con su esencia. Han asistido a los vientos de cambio de las últimas décadas y viven ahora en una isla que se va hundiendo por el peso del consumo, de un turismo de masas irrespetuoso que arrasa, vendida a inversores extranjeros que se empeñan en cambiar su fisonomía…, de gente que no entiende nada, que no quiere entender nada.
Son esencia isleña y esencia de la pureza del arte; ahora viven rodeados de una escena artística que imponen desde fuera, que ha plagado sus calles de vistosas galerías europeas que venden arte histriónico donde solo importan las grandes dimensiones y el color impactante, arte rápido y de inversión.
Fuera de esa escena acelerada y superficial, de los circuitos ruidosos, sobreviven ellos, personas que han conocido el entorno apacible y sereno que dio nombre a Mallorca: la isla de la calma.
Estos artistas no conocen la ambición del mercado del arte y siguen centrados en una vida pegada a su tierra. La desgranan, la analizan y paladean, y nos la enseñan, porque su vida es crear, nutrirse de ella. De sus bosques, de su tierra, su mar, sus callejuelas empedradas, donde el viento corre ajeno al bullicio. Habitan los rincones y su historia, y la cuidan con el amor de quien la conoce bien.
Y ahora nos la traen en retazos de autenticidad al centro de Madrid.
¿Qué une a James y Toni, a Marisa, Lola y Jaime? El amor por el lugar en el que viven. El respeto por la naturaleza. La sencillez de sus días y sus noches, de sus altibajos de ánimo frente a las fauces del capitalismo. Su entrega al Arte, a un Arte alejado de los oropeles. Al arte como actitud, como forma de estar aquí, de habitar el pueblo, el territorio, la isla, el planeta.
En su madurez, James, Toni, Marisa, Lola y Jaime representan la isla dentro de la isla, la isla de la calma y la resistencia dentro de la isla vapuleada por la industrialización del turismo.
RESISTEN EN LA ROQUETA (así le llaman a su isla).
Y yo, que vivo a caballo entre Madrid y Mallorca, también soy de la opinión de que hay que resistir. Hay que resistir, como lo hacen esos pinos retorcidos que se asoman a los precipicios”.
M. Ángeles Atauri
James entiende su acción artística como un acto de reverencia hacia la naturaleza: sus obras apelan al paso del tiempo, al cambio, al equilibrio entre lo efímero y lo eterno, y revelan un mundo en transformación constante. En definitiva, articula una poética en la que lo natural, lo ancestral y lo simbólico convergen para ofrecernos una visión contemplativa de la materia, el paisaje y el paso del tiempo.
Entre sus muestras más destacadas figuran la intervención para exteriores Fundació Pilar i Joan Miró a Mallorca (2006) y la exposición ‘Fragments’ en el Casal Solleric de Palma (2014).
Nacido en un pueblo del interior de Mallorca. Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Barcelona. “Principalmente he trabajado en el campo de la pintura, aunque desde hace unos años estoy orientando mi trabajo hacia la obra sobre papel (dibujo y grabado) y la escultura”.
Jaime llegó a la isla en los años 70 y echó raíces en la Serra de Tramuntana, lo más parecido a los bosques gallegos de su infancia. Es autodidacta.
“Trabajo escultura, acrílico, fotografía, grabado y, sobre todo, collage y acuarela”. Tiene un pequeño taller de grabado en el pueblo de Valldemossa con un tórculo cedido por un artista de la zona. Allí se reúnen vecinos a compartir conocimientos y experiencias.
Paula está muy vinculada a la isla, porque desde niña pasa allí las vacaciones y acompaña a su madre siempre que tiene ocasión. Además de haber oído de su familia materna mil historias. Paula tiene sangre balear.
Licenciada en Bellas Artes por la Complutense, su trabajo como fotógrafa –que se desarrolla entre Madrid y Oporto, ciudad donde reside actualmente– es el resultado de una forma de relacionarse con el mundo como quien construye un jardín. Trabaja con la luz, el tiempo, la imaginación y el cuidado.