Desde mediados de los 80, Enrique Toribio compagina su actividad de diseño y patronaje en la alta costura con colaboraciones como figurinista en montajes teatrales, de cabaret y de danza, tanto clásica como española y para algunas producciones de cine. Se inicia en el mundo de la fotografía en 2003 y desarrolla una intensa actividad como fotógrafo especializado en el retrato y la figura. Su interés se centra en el tratamiento estético del rostro y de la expresión y texturas del cuerpo, con un afán por recuperar las tradiciones del retoque fotográfico de mediados del siglo XX, renovadas por la técnica digital.
En los últimos años ha recibido premios y menciones especiales en concursos internacionales de fotografía y ha participado en exposiciones internacionales de fotografía en Estados Unidos, así como en varias revistas especializadas en fotografía digital o en publicaciones de fotografía en torno al cuerpo masculino, como ‘Turn On TaTToos’, que publicaba en Berlín Bruno Gmünder –editora de la famosa guía ‘Spartacus’–, photobooks o participación en varios números de la holandesa ‘Juturna Magazine’.
El motor principal de su proceso creativo es la necesidad de compartir con el exterior las imágenes que nacen desde sus emociones más íntimas y personales.
“Para mí es muy importante expresar las emociones a través del cuerpo y de la piel; por eso, frecuentemente mis modelos proceden del mundo de la danza o de la interpretación, aunque a menudo necesito también la inocencia de hombres de la calle que no están adiestrados por las artes interpretativas”.
“Me interesa todo lo que puede contar un rostro y toda la información que nos da cualquier parte del cuerpo: una mano que nos pide algo, un cuerpo que se enrosca por un dolor que no es físico, una tensión en un hombro o en un brazo que se anuda con el resto del cuerpo intentando protegerlo de algún peligro invisible o que intenta camuflarlo para esconder un miedo inconfesable”.
“Mi trabajo no pretende recoger imágenes que me voy encontrando en el exterior o plasmar una realidad visible, sino recrear las imágenes que surgen en el incesante flujo generado en el interior de mi cabeza, fruto de emociones o sentimientos, de estados anímicos y experiencias. Para mí la fotografía es un ejercicio terapéutico que me comunica con el exterior y con los demás a través de la herramienta que me resulta más fácil de utilizar: el rostro de las personas, el cuerpo de los hombres”.
“Fotografiar la belleza es un privilegio. La belleza es un regalo que nos aleja de lo perecedero y nos acerca a lo eterno”.
‘20 x 20’: “Es la medida en centímetros de la ventana a través de la que fisgoneamos los cuerpos de unos hombres que nos ofrecen su piel y sus rincones. Que se retuercen, se excitan, se tensan y se relajan cuando intuyen que los estamos observando”.
‘El pudor de Adán’: “Por desobedecer sus órdenes, Dios descubrió a Adán el pudor…, la vergüenza de su desnudez. El pudor nos distancia de la belleza del ser humano. Nos impide el placer de la observación del cuerpo, del propio y del ajeno”.
“Me considero admirador de la tradición y los principios del realismo en la pintura, y a la vez partidario del disfrute matérico y conceptual. Debido a mi formación inicial como restaurador de obras de arte, me preocupo en elegir bien los materiales con los que trabajar; generalmente utilizo materiales tradicionales de gran calidad y me gusta montar y preparar los lienzos de forma artesanal. Pinto principalmente al óleo en un estilo figurativo-realista, combino la técnica adquirida en este campo con cierto conocimiento intuitivo por el que me gusta dejarme llevar.
Después de vivir tres años en Madrid formándome, y otros cinco en Lisboa debido a mi trabajo de conservador y restaurador de obras de arte, regresé a España para aprender la técnica de la pintura del natural en el estudio del retratista Mikel Esparza. Es él quien me animó más tarde a suplementar esta formación en The Art Student League y The National Academy of Design en la ciudad de Nueva York. Actualmente resido en Pamplona, donde también imparto clases de pintura del natural y realizo retratos por encargo.
En estos últimos años he tenido el honor de ser galardonado en varios concursos de pintura, como el VIII Certamen de Artes Plásticas Goiart Ordizia Saria, XIX Certamen Nacional de Pintura Ciudad de Calahorra, VII Concurso de pintura Aguas de Barbastro. Los reconocimientos más recientes han sido: Primer premio en el XXXV Certamen Artístico Villa de Amurrio, y finalista en la I Bienal de Pintura Junta General del Principado de Asturias”.
‘Sugar man’ muestra una figura masculina de espaldas que sostiene con firmeza una vara dorada, reforzando su presencia enérgica. El fondo gris y la marcada perspectiva del suelo configuran un paisaje ambiguo, a medio camino entre lo reverencial y lo artificial. El cuerpo aparece expuesto, pero erguido, y la pose hierática y dominante de la figura genera una contradicción con el texto, que pretende sembrar la duda sobre la autoridad oportuna.
Estas pinturas cuestionan la relación entre identidad, deseo, domesticación de los cuerpos y los espacios culturales que los moldean. La figura aparece como símbolo tanto de lo que impone como de lo que es impuesto, atrapada entre roles construidos, fantasías de poder y estructuras que le resultan ajenas o insuficientes.
Pintor estadounidense afincado en Madrid que parte de la fotografía vintage y queer como recurso para estudiar el valor, la forma, la luz y la pintura.
Seaman creció en Nuevo México, Kansas y Connecticut. Asistió al Educational Center for the Arts y a Yale College como estudiante de Secundaria antes de estudiar en la School of the Art Institute of Chicago, donde obtuvo su BFA y realizó su primera exposición individual en Space Gallery, en el barrio de Wicker Park. Ya en su vida adulta, Seaman se centró en el diseño gráfico, así como en una carrera paralela como psicoterapeuta. Sin embargo, durante la pandemia de la Covid en 2020, retomó su práctica artística, asistiendo a sesiones de dibujo del natural en línea para mantener el contacto con la comunidad queer, y empezó a utilizar la figura masculina como punto de partida para la exploración estética. Su obra se inspira en un amplio abanico de pintores figurativos, desde Catherine Kehoe y Joaquín Sorolla hasta artistas expresionistas y experimentales como David Park y Jennifer Pochinski. Moviéndose entre lo refinado y lo pictórico, a Seaman le interesa cómo el ojo resuelve lo que ve y cómo esto ayuda al espectador a acceder a la memoria, los sueños y la fantasía.
Desde 2020, Seaman ha participado en numerosas exposiciones colectivas, entre ellas Barnwood: Nude and Lewd, una muestra trimestral comisariada por Stephen Hengst para Pink Stallion Events, The Fire Island Pines Art Project, y The Dirty Show, una feria anual de arte erótico en Detroit, Michigan. En junio de 2023 tuvo su primera exposición individual en Nueva York, en Shag Sex Shop and Erotic Gallery, en Brooklyn. En febrero de 2024 participó en la exposición colectiva de arte erótico Embodied, que se estrenó en el Williamsburg Moxie y luego viajó a Playwrights Horizons, donde continuó en paralelo con el musical de comedia y horror Teeth. En mayo 2025, Seaman presentó el proyecto Come with Me como parte de una exposición colectiva en Studio RGF, en Madrid.
‘Todes les hombres’: La serie de obras que Ben Seaman presenta en Mad is Mad se articula en torno al uso de la imaginería queer como punto de partida para explorar diversos lenguajes pictóricos. La propuesta transita por dos vías principales: por un lado, homenajes impresionistas a Joaquín Sorolla; por otro, experimentaciones tonales centradas en la abstracción geométrica. En ambas, subyace el deseo de insertar la experiencia homosexual en el discurso de la historia del arte.
Víctor Algora es músico, compositor y productor desde hace 20 años, pero sus primeras inquietudes artísticas empezaron en su niñez a través del dibujo y la pintura. Unas inquietudes que más tarde le llevaron a enfocarse en la creación de canciones y melodías y le hicieron dejar las pinturas en un segundo plano.
En 2023, casi por casualidad, volvió a dibujar, porque sí, porque le apetecía, y eso hizo que aquella pasión primeriza le volviera a cosquillear con fuerza. Así que para desmarcarse de su trabajo en la música creó un alias: Zarigüeya del Infierno (nombre que viene de una de sus canciones) y con él empezó a dar a conocer sus dibujos.