Arte, locura y resistencia en el corazón de Madrid
Uno de los espacios alternativos que cambió las reglas del juego del galerismo en la capital
(Javier Díaz-Guardiola)
En octubre de 2005, cuando aún no era del todo habitual hablar de ‘espacios híbridos’, ni de prácticas intermedias entre lo artístico y lo cotidiano, tres periodistas de cultura, viajes y medioambiente (Rafa Ruiz, Manuel Cuéllar y Andrés Rubio) decidíamos abrir en el madrileño barrio de Chueca las puertas de Mad is Mad, una galería que, desde su nombre, ya anunciaba una voluntad de disrupción: Madrid está loca. O simplemente: Mad está mad (mad, loco en inglés, y también las tres letras del código de la aviación asociadas a Madrid).
En aquellos años, ni Chueca era el barrio hoy conocido en el mundo entero como territorio de reivindicación de igualdad, tolerancia y modernidad, ni el concepto de espacio híbrido de galería / tienda de objetos de autor que acoge los más diversos formatos de creación estaba tan difundido. En ambos ‘viajes’ hemos sido pioneros. Y hemos logrado mantener este espíritu a lo largo de dos décadas, experimentando los altibajos del mercado y las tendencias, pero manteniéndonos fieles a nosotros mismos, lo cual no es sencillo y requiere mucho criterio, mimo, confianza, entendimiento, paciencia, trabajo e imaginación.
Os contamos también un pequeño secreto: en esta consolidación hemos tenido unos aliados inmateriales que –estamos convencidos–nos han protegido: El local donde llevamos 20 años en la calle Pelayo, entre la famosa plaza de Chueca y el palacete de la SGAE, servía como almacén de santos; pertenecía a una de esas tiendas de imágenes religiosas que son ya un clásico de los alrededores de la Plaza Mayor. Por eso, y porque san Miguel es el patrón del pueblo de uno de los socios, decidimos abrir un 29 de septiembre, festividad de los arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel. Queremos pensar que, en estos tiempos de malismo, los espíritus buenos nos siguen acompañando. Y tenemos mil anécdotas sobre ello, pero eso os lo contamos en persona.
Veinte años después, esa intuición fundacional —la necesidad de un lugar alternativo, no institucional, permeable a lo nuevo y a lo no canónico— no solo ha resistido, sino que ha evolucionado, consolidándose como una de las plataformas más singulares de la escena madrileña contemporánea.
Para conmemorar estas dos décadas de actividad, Mad is Mad presenta una exposición colectiva que recupera a 20 de los primeros artistas que expusieron en sus salas, en una selección paritaria de diez mujeres y diez hombres que subraya nuestra vocación diversa, plural y abiertamente inclusiva.
¿Qué están haciendo ahora esos 20? Nos lo mostrarán a lo largo del mes de octubre.
Os esperamos en la inauguración de la expo el sábado 27 de septiembre, de 12 a 20 h.
Pero como nuestro espacio es mucho más pequeño que nuestra ilusión, tranquilidad: haremos encuentros de arte y amistad las mañanas de todos los sábados de octubre. Con un vermú o un vino en la mano.
Ahí estarán Luján Marcos (que, aparte de gran artista, fue durante 6 años quien estuvo al pie de mostrador y ordenador en la galería; luego vinieron Cos y María; gracias infinitas a las tres), artistas ya consagrados como José Manuel Ballester (premio nacional de Fotografía y de Grabado) y Luis Úrculo (que cuando no era tan conocido y reconocido, nos ideó una estupenda e imperecedera imagen de marca), creadores desde la pintura o la arquitectura como Paco Roa,Michael de Coca y José de Coca, fotógrafos como Alfredo Cáliz, Manuel Cuéllar e Isidoro Merino, creadoras que han evolucionado hacia formatos artísticos menos ortodoxos y más ‘complementarios’ como Laura (Peseta), Marre Moerel y Julieta Álvarez, nombres que se han ganado el prestigio en el mundo de la ilustración como Leticia Ruifernández, y otros creadores que han seguido las sendas más heterodoxas, como Natalia Pintado, Nina Saile, Cristina Busto, Jara Varela, Pati Zoto, Rubén Briongos y Fausto Grossi, ahora volcado en las performances alrededor del mundo.
Rafa Ruiz, Andrés Rubio y Manuel Cuéllar
El intersticio como lenguaje
La historia de Mad is Mad no puede leerse en clave exclusivamente comercial ni institucional. Desde sus inicios, la galería ha ocupado un lugar de frontera, actuando como mediadora entre la creación emergente, los lenguajes ecológicos tanto urbanos como rurales y las prácticas que limitan con el arte, el diseño, la ilustración, el videoarte o la edición de autor. Se trata de un espacio que ha desdibujado los contornos tradicionales del ‘objeto de arte’, generando un ecosistema donde conviven sin jerarquías arte, libros y revistas y objetos domésticos de aliento artesanal.
Rafa Ruiz, Manuel Cuéllar y Andrés Rubio —tres periodistas que encontraron en el descubrimiento de artistas una forma ampliada de hacer periodismo cultural— han imaginado un lugar que funcionara como zona de paso o trampolín entre los bares con exposiciones y las galerías establecidas. Y creemos que lo hemos conseguido (no nos hemos enfadado entre nosotros, ni nos hemos arruinado apoyando el arte emergente).
Mad is Mad ha sido, durante estas dos décadas, ese espacio intermedio que se echaba de menos en el circuito artístico madrileño. Un espacio donde entrar no exige credenciales y donde el público puede adquirir desde un fanzine de cinco euros hasta piezas únicas desde 100 a 1.000 euros. Democratizar el arte no como consigna, sino como práctica concreta. De ahí que nuestro eslogan desde el principio ha sido: “Una galería donde tú sí puedes comprar”. Una vocación de huir de ese concepto tan manido y trasnochado de arte para coleccionistas para conectarlo con el sentir de los tiempos y llevar el arte a nuestra vida cotidiana, como catalizador de una forma distinta de ser y estar, más allá del formato industrializado del ultracapitalismo, que nos quiere dóciles, despistados, acríticos y seriados.
Cosmopolitismo, autoría y colectividad
Desde su apertura, Mad is Mad ha acogido a más de 300 artistas procedentes de más de 20 países. Su nómina incluye tanto a creadores emergentes que luego han llegado muy lejos —como Luis Úrculo, Aitor Saraiba, Julio Falagan, Ana Jarén, Olga de Dios, Adolfo Serra, el dios de los tres, Rubenimichi, Atauri, María Ulecia, Diego Lara, Miki Lowe, Luis Vassallo, Andrés Torres Rivas— como a figuras que ya llegaron consolidadas, nombres como José Manuel Ballester, Isabel Muñoz, Óscar Mariné, Paula Bonet, Juan Carlos Mestre, Juan Varela o Waldo Balart. Imposible nombrarlos a todos, pues, como hemos dicho, son más de 300. Esa coexistencia entre trayectorias emergentes y reconocidas ha generado en todo este tiempo un diálogo productivo entre generaciones, géneros y disciplinas.
Lo más interesante quizá no sea el número de artistas, sino el tipo de relación que la galería establece con ellos: no hay contratos de exclusividad ni imposiciones curatoriales. Los creadores entran y salen con libertad, y el criterio de selección nunca ha estado basado en el currículo, sino en la fuerza de las propuestas.
Se valora lo imaginativo, lo fresco, lo natural frente al postureo, lo político, lo sensible, lo experimental. Que tengan aire. Y, con el paso de los años, incluso hemos sido capaces de lograr ese ‘algo’ atmosférico y conceptual que no necesita muchas explicaciones, sino que se defiende por sí solo: ‘esto es muy mad is mad’ o ‘esto no es nada mad is mad’. Además, con el correr de los tiempos y la consolidación de Madrid como destino turístico internacional, también hemos visto cómo han aumentado los visitantes y clientes de fuera de España, tanto que ahora vienen a suponer en torno al 80% de nuestras ventas. Este dato no solo refleja una orientación cosmopolita, sino también la capacidad del proyecto de traducirse eficazmente en claves internacionales, sin perder su anclaje en el contexto madrileño. Como subraya Rafa Ruiz, “habíamos visto este tipo de espacios en ciudades como Nueva York, Amsterdam, Estocolmo… y quisimos trasladar ese espíritu fluido a lo que era el excesivamente tradicional escenario de las galerías madrileñas; apostamos por una sensibilidad propia: informal, cercana y llena de humor”.
Políticas de los márgenes
A lo largo de su trayectoria, Mad is Mad ha apostado por formatos y discursos que muchas veces quedan fuera del circuito comercial. Así, su larga apuesta por una amplia selección de fanzines y su espacio experimental, ‘El Cuartito del Fondo’ (con el tiempo, al ser pintado de negro, se ha transformado en ‘El Cuarto Oscuro’) ha acogido proyectos tan reveladores de nuevos tiempos como los de la actriz y directora trans Alex de la Croix. La galería ha mantenido también una relación sostenida con el colectivo LGTBIQ+, destacando especialmente sus exposiciones anuales coincidiendo con las celebraciones del Orgullo, donde la irreverencia, la crítica y la estética camp se convierten en herramientas políticas.
Aparte de la convocatoria del Orgullo, hay otras dos citas anuales ya consolidadas, la exposición de otoño en torno al arte y el reciclaje (con el apoyo de Signus; el planeta siempre formó parte de nuestro ecosistema) y la exposición navideña, enfocada principalmente a la ilustración y al público infantil y que este año cumplirá ya su 12ª edición; en ella hemos contado con el apoyo en el comisariado del experto en álbum ilustrado Javier Pizarro. Esa voluntad de “ensanchar el concepto de arte” también se traduce en su línea editorial, MadLibro, con Diego Lara como diseñador y coordinador general. Con una cuidada atención al diseño, la ilustración y la edición de autor, el catálogo de MadLibro se sitúa en la frontera entre el libro-objeto, la poesía ilustrada y el álbum artístico infantil.
Una resistencia alegre
La historia de Mad is Mad no ha estado exenta de dificultades. La crisis de 2008, que supuso el cierre de muchos espacios afines, obligó a reducir horarios y gastos al mínimo. Sin embargo, la galería resistió gracias a su flexibilidad estructural, su cercanía con el público, lo imaginativo de sus proyectos y convocatorias y una intensa actividad en redes sociales. Hoy en día sigue abriendo de miércoles a sábado, y sus inauguraciones –con conciertos, debates, talleres infantiles y vermuts– son verdaderos rituales de encuentro en el barrio de Chueca.
Un apunte más para terminar: Mad is Mad se siente muy satisfecha de haber sido también pionera en organizar una convocatoria cultural de solidaridad con Palestina. Ya en julio de 2024 organizamos una exposición en la que 22 artistas de reconocida trayectoria nos donaron obra para que todos los beneficios fueran destinados a la agencia de Naciones Unidas de ayuda al pueblo palestino, UNRWA.
Más que una galería, Mad is Mad es un lugar donde suceden cosas. Un espacio imaginativo, abierto, cosmopolita, luminoso y, sí, un poco loco. Como Madrid. Como el arte cuando se practica desde la intuición, la pasión y la inteligencia afectiva.
PRENSA
Gracias a los medios de comunicación que os habéis hecho eco de nuestros 20 años: