10.11.2013

El realismo m谩gico-ecol贸gico de ‘Toletis’

Los doce cuentos que forman 鈥Toletis鈥, protagonizados por dos ni帽os -Toletis y Tutankamon-, una ni帽a -Claudia- y un perro -Amenofis-, que viven en un pueblo peque帽o, tratan de acercar la naturaleza y el mundo rural -谩mbitos cada vez m谩s desligados de la mayor铆a de la poblaci贸n infantil- a ni帽os de todas las edades, podr铆amos decir de entre 7 y 107 a帽os, por elegir n煤meros que el propio Toletis considera m谩gicos. Son cuentos de gran carga ecol贸gica, que ense帽an el valor del paisaje y del clima, de la nieve, la niebla y el viento, de los 谩rboles y las aves; en un ambiente positivo, de aventuras de realismo m谩gico-ecol贸gico. Los cuentos abordan tambi茅n temas como el arte y la imaginaci贸n, la amistad, el amor y la familia, el paso del tiempo, la vejez y la soledad, la importancia de la reflexi贸n y la tranquilidad, de las peque帽as cosas, de la generosidad y la fuerza de las ilusiones, del lenguaje y el silencio.

Queremos destacar siete de los pasajes `toletianos鈥 con mayor sinton铆a con la naturaleza, acompa帽ados de las ilustraciones de Elena Hormiga:

1) 鈥De su abuelo Ra hab铆a aprendido muchas cosas. Pero sobre todo una: a considerar la naturaleza como un ser que piensa y siente, que respira y r铆e, llora y habla, que nos da muchas lecciones a poco listos que seamos y queramos atender. A Toletis nunca se le olvidar谩 que lo primero que preguntaba su abuelo por las ma帽anas, en cuanto se levantaba, era: 驴qu茅 hace hoy el d铆a? Porque si llueve o nieva o calienta el sol no es casualidad, sino algo pensado, algo que la naturaleza quiere hacer, porque lo ha decidido as铆 y le viene bien para poner misterio en las monta帽as, adornar los pueblos, dorar el trigo o darle calor a las madrigueras de los conejos鈥.

2) 鈥Tutan tuvo una idea. A 茅l siempre le gust贸 imitar los sonidos de los animales. Se pasaba tardes enteras perfeccionando sus simulacros hasta que consegu铆a que los animales le respondiesen. Entonces se daba por contento y se apuntaba un nuevo sonido en su colecci贸n. Ten铆a ya 17 sonidos aprendidos, que le permit铆an comunicarse con gorrinos y gorriones, gallinas, vacas, ovejas, caballos, gatos, perros, jilgueros, cornejas y conejos, cig眉e帽as, golondrinas, vencejos, c谩rabos, grillos y el loro de su abuela. El que m谩s le estaba costando -llevaba tres meses intentando entablar conversaci贸n con ellas- era el lenguaje de las urracas. Con los abejarucos, sin embargo, hab铆a sucedido todo lo contrario. Eran los p谩jaros los que estaban aprendiendo sin dificultad el lenguaje humano鈥.

3) 鈥Las grandes decisiones de su vida las tomaba Toletis mirando los rayos de Ra o mirando a la niebla descolgarse cabeza abajo por las laderas de las monta帽as, tap谩ndolo todo poco a poco, callando el pueblo hasta la noche, refrescando los d铆as de verano y esparciendo humedad que hac铆a revivir los geranios y rosales de las casas. Sentado sobre la hierba, en una esquina de su prado favorito, Toletis se hab铆a hecho gran admirador de la niebla y le confesaba secretos que s贸lo ella pod铆a entender y callar. S贸lo a la niebla le cont贸 que las guindas que desaparecieron de la huerta de su abuelo se las comi贸 todas 茅l. A cambio de esa fidelidad, ella le envolv铆a siempre dulcemente, le mojaba la frente para que se relajara y le revolv铆a el pelo en caracolillos h煤medos. D铆a a d铆a, la niebla y Toletis fueron construyendo una gran amistad鈥.

4) 鈥En la loma hab铆an visto culebras y pisadas de zorros, lagartijas de todos los colores y setas raras que nunca se atrevieron a tocar. Desde all铆 era desde donde mejor se pod铆a seguir el vuelo de los milanos y el reflejo de las luces del sol y de Ra al atardecer. Y en la loma estaban los dominios de Celem铆n y sus doce cabras, todas con nombre y habilidades especiales鈥.

5) 鈥Miles de zorzales fueron y vinieron, marcharon y volvieron durante una noche entera hasta que cubrieron la carretera por completo con tierra y semillas. A la ma帽ana siguiente, cuando Toletis, Tut谩n y Claudia se asomaron a las ventanas de sus dormitorios casi no pod铆an creer a sus ojos: la carretera estaba sepultada, no quedaba ni rastro de ella. De repente, comenz贸 a llover. Pero no eran gotas de las nubes, sino agua que estaba derramando la enorme bandada de zorzales. Cada p谩jaro tra铆a en su pico unas cuantas gotas hasta formar el chaparr贸n. Pero s贸lo llovi贸 en la franja que hab铆a sido carretera鈥.

6) 鈥Era muy sencillo saber cu谩ndo iba a llegar la nieve. Sol铆a ser a finales de febrero. Y bastaba con mirar a la veleta de la torre de la iglesia para darse cuenta de lo que iba a suceder. El gallo de hierro que marcaba la direcci贸n de los vientos tiritaba de un modo muy particular para anunciar la semana blanca. Resultaba muy f谩cil notar que ten铆a fr铆o. La cresta se le encog铆a un poco hacia abajo y le vibraba la cola de plumas de metal. Entonces, Toletis le plantaba cara al viento norte, con los agujeros de la nariz un poco m谩s abiertos que de costumbre, con las manos metidas en los bolsillos de su anorak rojo, y con gran solemnidad dec铆a, mirando al cielo: 鈥楳uy bien, as铆 que ha llegado la hora鈥︹.

7) 鈥Esa sensaci贸n de paisaje borrado le persegu铆a desde entonces. Y a veces pensaba: 鈥淨uiz谩 alg煤n a帽o la nieve decida llevarse el paisaje, derretirlo todo a la vez que se derrite ella. Y desaparezca todo. Cuando se retire el manto blanco, quiz谩 alg煤n a帽o descubramos que ya debajo no ha quedado nada, solamente una inmensa llanura de piedras鈥. Toletis nunca se acababa de fiar del todo de la nieve, porque tem铆a que alguna vez, as铆 callandito callandito, poco a poco y copo a copo, se llevara el valle, lo derritiese鈥.

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