22.02.2012

Jonathan Notario

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Nacido en 1981, Jonathan Notario abarca muchos campos distintos pero con un sello muy similar en todos ellos. El gusto por los temas sarcásticos, ácidos, escabrosos de la infancia y la adolescencia, los juegos de palabras, el lenguaje publicitario de los años 50 y 60 y el contraste entre inocencia y perversión dominan toda su obra. Su sueño es crear una empresa ficticia que venda comestibles envenenados. “La infancia marca, y a mí­ la mí­a me marcó”, dice. “Recuerdo las portadas de los libros que leí­a, las aventuras de Tom Sawyer y Huckleberry Finn, siempre me han apasionado ese tipo de ilustraciones realizadas con mucho oficio, pero a la vez con valor artí­stico; siempre pienso: me gustarí­a ser tan bueno como ellos… Pero cada cuadro nuevo que pinto es como un intento fallido de acercarme a eso, a mi infancia perdida. No utilizo fotografías ni dibujos de otros, en mi obra trato de llegar a ese sentimiento por mis propios medios, por mi propia forma de dibujar. Me gusta utilizar la realidad sólo para documentarme, pero no la suelo incluir en la obra, y eso hace que mi trabajo se distancie más de la realidad, como cuando de pequeño te dibujabas el carné de policí­a para jugar a ser policí­a. Me gusta hacer eso en cada pieza, copiar la realidad por medio del juego. A veces es como si yo fuera un niño que jugara a ser artista, o publicista, o dibujante de cómics. Es como si mi forma de hacer las cosas fuera una copia de como hay que hacerlas realmente”.

Lo último sobre lo que Jonathan Notario está trabajando es la invención de artilugios que nunca han existido ni existirán, inventos absurdos pero divertidos que podí­an haberse fabricado en un mundo paralelo, como la ‘Mesa Vaca’ o el ‘Orange Brick’.

Aficionado desde niño a los cómics y el cine, eso fue lo que le motivó a estudiar Bellas Artes, donde descubrió la pintura. “En la facultad me volví más pintor y menos ilustrador, mi obra era más abstracta pero siempre salía por ahí un ramalazo pop que no coincidí­a con la forma de pintar que tení­a en ese momento”, dice. “Luego acabé la facultad y fue como empezar de cero, el no tener estudios hizo que me centrara más en la ilustración durante dos años y ahora que trabajo de diseñador mi pintura trata de ser un compendio de todo: arte, publicidad, diseño, cine, cómic…”.

Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca, ahora vive en Madrid y trabaja como diseñador gráfico en una agencia de publicidad. Recibió un premio de adquisición de obra de jóvenes artistas de Castilla y León Caja de Burgos, y el premio de cómic de la Junta de Castilla y León; ambos en 2008. Su última muestra individual fue en León, en la desaparecida galerí­a Padre Isla, a principios de 2007. Esta exposición en Mad is Mad supone su vuelta a las andadas en el mundo del arte.

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